Dejen a los jóvenes
Una de las cosas que uno nunca olvida por su paso por la
universidad, es el deseo de cambiar las cosas, el de luchar contra las cosas
que le parecen injustas, y defender a las que lo son.
Siempre ha habido cosas porque reclamar. Cada egresado de una
universidad, de cualquier época, siempre tiene una anécdota por la lucha de un
ideal.
Hoy, jóvenes, en su mayoría universitarios o de algún
instituto de educación superior, luchan por un reglamento que les parece
injusto. En este artículo no vamos a comentar si es que esa ley es buena o
mala. Pero si vamos reclamar que estos nuevos ciudadanos no sean sorprendidos
por viejos zorros, acostumbrados de aprovechar coyuntura para ganar
protagonismo, notoriedad o querer desestabilizar a cuan gobierno esté de turno.
Viendo las declaraciones de los dirigentes juveniles, es
alarmante ver el grado de ingenuidad que tienen. Y en algunos casos la poca o
nula capacidad de querer revertir una situación desfavorable para ellos. Entiéndase,
para ser más claro, no saben mentir, ni exagerar como lo hacen los curtidos
dirigentes de los grupos que los acompañaron en su última marcha.
Ellos no deben caer en esas malas prácticas. No deben
dejarse contaminar por personajes que lo único que hacen es utilizarlos en
beneficio de sus intereses.
En la mañana, quisieron defender lo indefendible. No
supieron responder las preguntas que les planteaban periodistas en diferentes
medios. Un ejemplo. A la pregunta: Si
ustedes salieron a marchar pacíficamente ¿de dónde sacaron los palos y las pinturas?
Largos segundos, titubeos y la respuesta del dirigente estudiantil fue vaga, y
las ganas de salir de esa incómoda situación fue casi desgarrador.
Si creen que su reclamo es justo, marchen, protesten,
griten, debatan, propongan. Pero háganlo solos. Y si alguien los acompaña, examinen
quienes son. A quiénes representan y quién los representa. Así será una lucha
por un ideal, que no está contaminado por los intereses de otros.



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