Su destino ya está decidido
Desde que asumió la presidencia de la República, Pedro Pablo
Kuczynski (PPK) el 28 de julio del 2016, no era muy complicado avizorar que le
esperaba un gobierno bastante complicado, gracias a la oposición del
fujimorismo, el Apra y la izquierda.
La idea de que PPK no iba a terminar su mandato, estuvo en
la mente de los dirigentes fujimoristas desde que el economista les ganó en la
segunda vuelta electoral en el 2016.
Desde hace unas semanas, se podía ver lo que venía cocinando
el partido de Keiko Fujimori. El secretario general de su partido, José
Chlimper y demás dirigentes resaltaban que se oponían a cualquier intento “político”
de vacancia. Todos ellos siempre subrayando la palabra “político”, como
allanando el camino que se iba a transitar.
Quedó demostrado la poca pericia política o ingenuidad,
letargo o debilidad que ha tenido en este poco más de un año de gobierno Kuczynski
Godard. No tuvo el carácter que se necesitaba para enfrentar las bravuconadas
del fujimorismo, y les puso en bandeja las cabezas de sus ministros, y perdió
la pulseada.
Sin embargo, esto no quita lo serio de las acusaciones que
se imputa. El presidente cometió un grave error – asumiendo lo que es una
presunción de inocencia – no explicar al país claramente su relación con la constructora
brasileña Odebrecht.
A esta altura de la crisis, es ya irreversible la vacancia. El
gobierno de PPK va agonizar lentamente hasta el próximo Pleno del Congreso. Así
presente las pruebas necesarias para demostrar su inocencia – si es que las
hubiera – Fuerza Popular, el Apra y la izquierda ya decidieron que el próximo
jueves tenemos presidente nuevo.
Es ahora cuando el oficialismo, junto con aquellos
congresistas y fuerzas políticas realmente democráticas tienen que actuar.
Es evidente que después de Kuczynski; Fuerza Popular, el
Apra y la izquierda de Marco Arana vayan por su segundo trofeo: Martín Vizcarra,
el primer vicepresidente de la República y natural sucesor de PPK. Ya se
empieza a relacionar el nombre del actual embajador peruano en Canadá con el
aeropuerto de Chinchero, un pendiente que dejó. Sacar a Vizcarra de la
presidencia va ser mucho más fácil ya que van a encontrar a un oficialismo fracturado.
Las fuerzas democráticas deben asegurar que Vizcarra termine
el periodo que no va terminar PPK. Si el vicepresidente abdica o es vacado, la
presión que va tener Mercedes Aráoz – miss Bagua, para que se den cuenta cómo
podrían ir los ataques – va hacer que la banda presidencial recaiga sobre el
presidente del Congreso, el fujimorista Luis Galarreta; justo lo que el partido
de Keiko Fujimori quiere.
Una alternativa, si en caso se llegara a esta situación, es
que los partidos políticos puedan negociar o exigir que el mandato de
transición recaiga en el presidente de la Corte Suprema, figura que si
encuentra contemplada en la Constitución.
Es decir, Duberlí Rodríguez sería el encargado de llevar la
transición, como lo hizo Valentín Paniagua en su momento.
Esto sin contar, que desde hace varias semanas está en
marcha la maniobra para sacar de sus cargos a cuatro magistrados del Tribunal
Constitucional. En la próxima sesión del Pleno se decidirá si a uno de ellos
los suspenden por diez años, y a los otros tres por un mes. Es decir, en la
misma semana el fujimorismo se tumbaría al TC y al Jefe de Estado.
Y ni que decir de las denuncias contra el fiscal de la
Nación, Pablo Sánchez.
Los peruanos tenemos que estar alertas con lo que se viene,
en política no hay casualidades.



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