OBITUARIO - Kofi Annan luchó por escapar de la maldición de la historia
Kofi Annan, el ex secretario general de las Naciones Unidas
y ganador del Premio Nobel de la Paz fallecido el sábado, será recordado como
un dedicado filántropo cuya carrera se vio empañada por desagradables
conflictos que se salieron de control.
Annan fue incapaz de llevar la paz a Siria y poner fin a los
fracasos de la diplomacia en Ruanda, Bosnia, Darfur, Chipre, Somalia e Irak,
que probablemente ahogarán los elogios por sus labores de mediación y sus
esfuerzos para erradicar la pobreza y el SIDA que le valieron el Premio Nobel
de la Paz en 2001.
Annan se crió en una cultura étnicamente dividida en su
Ghana natal, pero en la que el diálogo era muy apreciado y el conflicto abierto
era excepcional. Era una época de optimismo y confianza, cuando Ghana se
dirigía a la independencia de Reino Unido.
“Le motiva la idea de ‘no pienses que no’, siempre buscando
el mejor resultado”, dijo una vez a Reuters Fred Eckhard, portavoz de Annan
durante su mandato como secretario general.
Su reputación como mediador fue bruñida por su éxito al
detener un espiral de conflicto en Kenia en 2007, cuando reclamaciones rivales
a la presidencia causaron masacres étnicas en las que murieron más de 1.200
personas.
Annan metió a los rivales en una habitación y les dijo:
“Solo hay una Kenia”. Ayudó a convencer a uno de ellos para que aceptara el
puesto de primer ministro en un gobierno conjunto. La violencia acabó.
Pero anteriormente en su carrera, el historial de Annan fue
menos exitoso. Fue jefe de mantenimiento de la paz de la ONU en 1994, cuando
reconoce que debería haber hecho más para ayudar a evitar la matanza de 800.000
tutsis ruandeses y hutus moderados.
El mayor reproche fue que Annan no actuó tras un telegrama
del comandante de la fuerza de paz de la ONU, el general Romeo Dallaire, en el
que instaba a actuar ante la acumulación de armas por parte de extremistas
hutus mientras preparaban la matanza masiva.
“Creí en ese momento que estaba haciendo lo mejor que
podía”, dijo Annan años después. “Pero después del genocidio me di cuenta de
que había más de lo que podía y debería haber hecho para hacer sonar las
alarmas y reunir apoyos”.
En un libro crítico con la falta de respuesta del mundo,
Dallaire sólo tuvo palabras de elogio para Annan y describió su “humanismo y
dedicación al sufrimiento de los demás”.
Cuando su carrera en la ONU terminó en 2006, enumeró sus
principales logros como el establecimiento del concepto de la responsabilidad
de proteger a los civiles cuando sus gobernantes no quieren o no pueden
hacerlo.
Sus peores momentos, dijo Annan, incluyeron no poder detener
el derramamiento de sangre en Darfur en Sudán, el escándalo del programa de
petróleo por alimentos y la guerra de Irak, tras la que perdió la voz durante meses.
REUTERS



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