La torpeza de querer castigar al que niega el pasado
Negar los hechos de violencia producidos por el terrorismo
en las décadas del 80 y 90, es negar la historia del Perú. Es acallar el clamor
de justicia de los familiares de las víctimas muertas por el MRTA y Sendero Luminoso.
Sin embargo, tratar de callar a aquellas personas que minimizan
o niegan la barbarie terrorista, es caer en su mismo juego. Sería hacer lo que muchas
veces hemos criticados de ellos, su esencia: imponer a la fuerza al otro, el pensamiento
de uno.
El que surgieran grupos, en la que la mayoría de sus integrantes
apenas pasan los veinte años de edad; o que se ponga como funcionario público, representante
de la marca Perú, a una persona que no reconozca como delincuentes terroristas a
los integrantes del MRTA y SL, ciertamente no es culpa de ellos, sino del Estado
y de la sociedad.
Y es que después de la caída de Abimael Guzmán y de haber
derrotado supuestamente al terrorismo, Estado y sociedad entraron en un letargo.
El no reconocer que de parte del Estado también hubo violencia no le ha hecho bien
al propósito de tener una memoria colectiva y gráfica de aquellos años de violencia
plasmado en el trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.
El Ejecutivo se equivoca al presentar este proyecto.
No es la forma adecuada de hacer entender a cierta parte de la población que
está equivocada. Es más bien avivar un sentimiento erróneo, seguramente
influenciado por algunos violentistas disfrazados de ovejas que aún permanecen
en nuestra sociedad.
Decomisar libros supuestamente prosenderistas de un
local en el Centro de Lima, equivale a la quema de libros en la inquisición.
La mejor manera de combatir la ignorancia; porque la
mayor parte de personas que consume las publicaciones requisadas desconoce lo
que vivió el país en las dos décadas pasadas; es la información.
La información está, pero lo hecho por el Estado para
difundirla es insuficiente. El informe de la CVR debe estar más alcance de la
gente, en especial de los más jóvenes. Un acceso más fácil y gráfico.
Existen las redes sociales en donde la mayoría de los
jóvenes peruanos, por no decir todos, tienen una cuenta. Estas deben ser
aprovechadas por el Estado para difundir lo ocurrido en el país las dos últimas
décadas del siglo pasado. Y nuestros políticos son buenos para esto. Lo demostraron
las elecciones pasadas para difundir, sus ideas, propuestas y mensajes que
querían hacer llegar a la población.
Se tiene el Museo de la Memoria ¿Cuántos jóvenes han
ido a visitarlo? ¿Cuántos saben que existe? ¿Por qué no hacerlo de forma
virtual? De tal forma que cualquier persona pueda visitarlo desde cualquier
parte del país y conocer más de un pasado cercano y trágico para nuestro país.
En fin, hay muchas formas ingeniosas de combatir la
ignorancia y en esto debe trabajar el gobierno, y no en proponer proyectos que
de aprobarse puede ‘victimizar’ a aquellos que tanto dolor han causado a miles
de familias.
Asimismo, el Estado debe ser más cuidadoso de las
personas que contrata para la gestión pública o para que nos representen. Conocer
sus ideas y trayectoria es indispensable.



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